Participación democrática: nuevos enfoques

Roberto Berrios Álvarez

Roberto Berrios, escritor, ensayista, Ingeniero, con un diplomado en Gestión de la Tecnología e Innovación, Diplomado en Filosofía de la Neurociencia Cognitiva de la

Universidad Alberto Hurtado. Socio de la Corporación Letras Laicas.

Podríamos partir con una definición clásica sobre la democracia, con una definición más bien popular o de sentido común. La democracia es un sistema político en el que el poder pertenece al pueblo en cual las decisiones importantes la toman directamente los ciudadanos o a través de representantes elegidos mediante votaciones libres y periódicas.

Sus principios básicos son: Igualdad, todas las personas tienen el mismo valor y derecho a participar; Libertad, cada ciudadano puede expresarse votar y elegir; Participación, la ciudadanía influye en las decisiones públicas; Estado de derecho, las leyes se aplican a todos, incluso a los gobernantes.

Tipología

1. Democracia directa:

El pueblo decide sin intermediarios. Las personas votan directamente las leyes o decisiones. Ejemplo: en algunos países se usan plebiscitos o referéndums. Se parece a cómo funcionaba en la antigua Grecia. 2. Democracia representativa

El pueblo elige representantes entre diputados, senadores, alcaldes, presidente, quienes toman decisiones en tu nombre. Es el tipo más común en el mundo. 3.Democracia participativa

Combina las dos anteriores: los ciudadanos eligen representantes, pero también participan directamente en ciertos temas, no siempre es vinculante. Por ejemplo, presupuestos participativos, consultas ciudadanas, cabildos, plebiscitos locales. Fortalece la relación entre gobierno y sociedad.

Adela Cortina[1] considera que la democracia es la mejor forma de gobierno y ella plantea una «democracia comunicativa», basada en el diálogo sereno y la amistad cívica, que se contrapone a la manipulación de la «democracia emotiva». Sostiene que para que una democracia sea auténtica y sólida, es fundamental fortalecer la ética en todos los ámbitos, tanto como en la política, también fortalecer la educación y cultivar valores como la justicia, la igualdad, la solidaridad y también la empatía. Critica las debilidades de las democracias actuales, como la corrupción y el individualismo, y destaca la necesidad de una ética cosmopolita y una educación en valores desde la infancia para formar ciudadanos responsables.

Cortina plantea tres modelos de democracia, que define de la siguiente forma:

Democracia emotiva: los líderes manipulan los sentimientos de los ciudadanos para obtener votos, utilizando la retórica para influir en las emociones en lugar de basarse en el diálogo racional. En este caso las élites manipulan los sentimientos y emociones de los electores con el fin de conseguir sus votos, entendiendo la política como el arte de la conquista y conservación del poder con cualesquiera medios. Una negativa retórica. Esta es la forma de actuar, así funciona en las democracias a las que se ha llamado “democracias de las masas”, porque en ellas se cuenta con masa[2] y no con pueblo, con individuos heterónomos[3], no con ciudadanos autónomos.

Enfoques modernos sobre la participación

ciudadana en una democracia

Democracia agregativa: reconoce los desacuerdos y llega a acuerdos por mayoría, aunque Cortina advierte que este modelo puede ser insuficiente y menos ideal que uno basado en el consenso, siempre los consensos o la unanimidad son en alguna forma paralizantes, ya que son muy lentos. Es más ágil y eficiente con las mayorías. En esta opción los ciudadanos son más racionales que en la línea emotiva.

Democracia comunicativa: es el modelo que Cortina defiende, donde los ciudadanos buscan forjar una voluntad común a través del diálogo sereno y la amistad cívica, dando prioridad a la ciudadanía sobre la masa. Los ciudadanos que componen el pueblo son conscientes de que las discrepancias son inevitables, que los desacuerdos componen en principio la sustancia de una sociedad pluralista.

Cortina considera la ética como un pilar esencial para la democracia. Una democracia fuerte no puede existir sin un sólido fundamento ético en sus ciudadanos, también en sus líderes tales como: diputados, senadores, concejales, dirigentes sindicales entre otros y por supuesto todas sus instituciones. Para Cortina la importancia de la educación es prioritaria para formar ciudadanos responsables y críticos, capaces de participar en la vida democrática y de resistir la manipulación, hoy también podríamos plantear la manipulación tecnológica, vía redes sociales, fake news. Critica duramente la corrupción, a la que compara con la hidramítica[4], señalando que muta y se adapta, pero que debe ser combatida activamente. Respecto de los medios de comunicación, ella argumenta que una democracia sólida no puede prescindir de un periodismo ético que informe de manera veraz y sirva como foro de debate público, consideraciones como el cuarto poder. Propone una ética que vaya más allá de las fronteras nacionales, basada en la justicia y la compasión. Esto se vio muy bien reflejado en la interdependencia global que se hizo evidente durante el periodo epidémico del Covid 19.

Ética y democracia

La reflexión sobre la democracia en el pensamiento político contemporáneo se debe mucho a Hannah Arendt, filósofa judeo-alemana que vivió entre 1906 y 1975. Testigo directo de los totalitarismos del siglo XX, su obra se construyó en diálogo constante con los grandes colapsos políticos de su tiempo: el nazismo, el estalinismo y la crisis del humanismo europeo. Sin embargo, lejos de limitarse a una denuncia del horror totalitario, Arendt buscó rescatar el sentido más profundo de la política: la posibilidad de que los seres humanos actúen juntos en libertad.

Para Arendt, la democracia no es un sistema de gobierno ni una simple técnica de administración del poder. Es, ante todo, una forma de vida política que sólo se realiza cuando los ciudadanos se encuentran, dialogan y actúan colectivamente en el espacio público. De ahí que su pensamiento sea radicalmente distinto del modelo representativo moderno, que tiende a reducir la participación ciudadana a la emisión periódica del voto. Arendt recupera la antigua idea griega de las polis, entendida como el lugar donde los hombres libres se reúnen para debatir los asuntos comunes y construir, mediante la palabra y la acción, un mundo compartido. Arendt percibía que la política moderna se había empobrecido y que el dominio de la economía, la tecnocracia y la burocracia habían copado todo el espacio público. Su pensamiento es una invitación a reconstruir la esfera pública como lugar de aparición, deliberación y acción compartida. Su democracia no se mide por la eficiencia, sino por la vitalidad del espacio común donde los ciudadanos se reconocen como iguales y distintos a la vez.

Otra línea relevante Hannah Arendt y la

democracia

El pensamiento político de Hannah Arendt se construye a partir de una profunda revisión de la tradición occidental. A diferencia de muchos filósofos políticos modernos, Arendt no busca fundar el poder en principios trascendentes, como la razón, el contrato o la naturaleza humana, sino en la experiencia concreta de actuar con otros. Para ella, lo político no es una consecuencia de la necesidad ni un medio para asegurar la supervivencia, sino el espacio donde los hombres se manifiestan como seres libres. Su línea se opone al individualismo moderno. El ser humano no es un ente aislado, sino un ser plural, cuya identidad se revela sólo en el encuentro con los demás. Esa pluralidad es irreductible e inevitable, es la condición básica de toda comunidad democrática.

A partir de esta idea, Arendt introduce su famosa distinción entre trabajo, obra y acción: El trabajo se relaciona con la necesidad biológica, con el ciclo de la vida y la supervivencia. La obra corresponde al mundo de los objetos duraderos que el ser humano fabrica. La acción, en cambio, es el ámbito propiamente político: el único donde los hombres pueden iniciar algo nuevo, dialogar y construir sentido común.

La democracia, por tanto, no depende de la producción ni de la gestión, sino de la capacidad humana de actuar juntos en libertad. El poder, en esta visión, no se impone desde arriba ni reside en una autoridad permanente; nace y existe sólo mientras los ciudadanos actúan en concierto. “El poder surge donde las personas se reúnen y actúan juntas”, dirá Arendt en Sobre la violencia (1970). Este enfoque entra en contradicción con el modelo liberal que concibe el poder como herramienta de dominación y control. Para Arendt, el poder no es violencia ni coerción, sino un fenómeno relacional, sustentado en la palabra, la promesa y el reconocimiento mutuo.

La verdadera política comienza cuando los hombres deciden aparecer unos ante otros, debatir y persuadirse mediante la palabra, sin recurrir a la fuerza.

Por eso, la libertad política no consiste en hacer lo que uno quiera, sino en participar activamente en los asuntos comunes. La libertad, en el sentido arendtiano, se manifiesta en la acción, no en la introspección ni en la privacidad. La democracia es, así, el régimen de los que actúan, no de los que simplemente obedecen o administran. Este enfoque revela la participación frente a la pasividad política. En la modernidad, advierte Arendt, el espacio público ha sido desplazado por la esfera social y económica, donde lo que domina son las necesidades y los intereses privados. Cuando la política se reduce a administración o gestión, desaparece la posibilidad de acción, y con ella, la libertad. El ciudadano se convierte en un consumidor, y la democracia es una rutina sin vida. La pluralidad, además, exige igualdad: no en el sentido de uniformidad, sino como condición para que cada voz pueda ser escuchada. Todos los ciudadanos deben tener el derecho a aparecer en el espacio público y ser vistos como interlocutores válidos. La democracia, en consecuencia, no es la eliminación de las diferencias, sino su articulación en un horizonte común.

Finalmente, Arendt plantea que las democracias siempre están amenazadas por dos fuerzas opuestas: la violencia, que destruye el espacio de palabra, y la apatía, que lo vacía. Frente a ambas, su filosofía defiende la necesidad de un espacio público donde las personas puedan actuar y hablar juntas. Allí reside la esencia de la democracia: en el ejercicio continuo de la libertad entre iguales y diferentes.

Frente a las limitaciones de la democracia representativa moderna, Hannah Arendt propone un ideal que podríamos llamar democracia participativa o de consejos, inspirado en experiencias históricas concretas. Ella destaca la aparición espontánea de consejos ciudadanos durante momentos de transformación política. Que curiosa coincidencia, esos consejos de participación creados posterior al estallido social en Chile, en la famosa crisis de octubre del año 2019, donde se dan origen a grupos de participación y opinión no vinculantes, estos movimientos de participación ciudadana nacieron para relacionarse e incidir en la nueva constitución que iba a nacer, la que finalmente fracasó. En esas instancias, los ciudadanos comunes se reúnen sin mediaciones jerárquicas para deliberar y decidir sobre los asuntos públicos. Por esto Arendt plantea que el pueblo tiene la capacidad para autogobernarse, antes de que el poder sea institucionalizado o monopolizado por una autoridad central. Su propuesta no es abolir las instituciones representativas, sino la de revivir el espíritu participativo en el que se fundó toda verdadera república. Lo que le interesa no es la eficiencia administrativa, sino la experiencia de libertad que nace cuando las personas actúan juntas.

Además, su idea de democracia está estrechamente ligada a la educación cívica y al juicio político. Es entre el pasado y el futuro, subraya que la capacidad de juzgar es esencial para sostener una comunidad libre. Juzgar implica pensar por uno mismo, pero también hacerlo “en el lugar de los otros”, es decir, considerando la perspectiva ajena. Así, el juicio se convierte en el puente entre la pluralidad y la acción: sólo quienes aprenden a pensar políticamente pueden participar de manera responsable en el espacio público.

El ideal arendtiano de democracia

participativa

Por último, Arendt insiste en que el sentido de la democracia no reside en la obtención de resultados, sino en el acto mismo de participar. La política, para ella, no es un medio sino un fin en sí: el lugar donde los seres humanos experimentan la libertad como una realidad concreta. La democracia participativa arendtiana es, por tanto, una forma de renovar el pacto entre libertad y comunidad, entre acción y responsabilidad, entre la palabra y un mundo común.

El pensamiento de Hannah Arendt sobre la democracia conserva una actualidad sorprendente. En una época marcada por la desafección política, la desinformación y la primacía de lo técnico sobre lo deliberativo, su insistencia en la acción, la pluralidad y el espacio público aparece como una advertencia y, al mismo tiempo, como una esperanza. Arendt nos recuerda que la democracia no puede sobrevivir si los ciudadanos renuncian a actuar juntos, si se refugian en la pasividad o se limitan a consumir política como un espectáculo.

La crítica arendtiana a la burocracia, al tecnocratismo y a la subordinación de la política a la economía anticipa muchos de los males actuales: la pérdida del sentido de comunidad, la fragmentación del discurso público y la crisis de representación. Sin embargo, Arendt no se instala en la nostalgia ni en el pesimismo. Su pensamiento apunta a una renovación republicana basada en la participación, el juicio y la responsabilidad ciudadana. En sus palabras, “cada generación, por el hecho de nacer, es una nueva garantía de que lo humano puede recomenzar.”

Vigencia del pensamiento de Arendt

Hoy, cuando los algoritmos y las redes sociales penetran la opinión pública y las instituciones parecen distantes, la invitación arendtiana llama a reconstruir el espacio público cobra una relevancia urgente. Recuperar la política en su sentido pleno implica revalorar la palabra, la acción y el encuentro con los otros.

Significa devolver a los ciudadanos la posibilidad de aparecer, de decidir y de compartir el mundo. La democracia, según Arendt, no es un estado alcanzado, sino una tarea permanente. Es el arte frágil de mantener abierto el espacio donde los hombres, en su diversidad, puedan reconocerse y actuar juntos.

“Cada generación, por el hecho

de nacer, es una nueva garantía de que lo humano

puede recomenzar.”

Según el pensamiento de la China continental expresado por un partido único, ellos plantean que la democracia es un valor común de la humanidad y un ideal que siempre ha sido apreciado por el pueblo chino. Desde su fundación en 1921, el Partido ha tenido como objetivos permanentes el bienestar del pueblo chino y la revitalización de la nación china, y ha realizado constantes esfuerzos para garantizar la posición del pueblo como dueño del país. China es un país con una historia feudal que se remonta a varios miles de años, que degeneró en una sociedad semifeudal y semicolonial tras la Guerra del Opio de 1840. Durante los últimos decenios este organismo único ha liderado al pueblo en la realización de la democracia popular en China. El pueblo chino ahora tiene en sus manos su propio futuro y el de la sociedad y el país. La democracia es un fenómeno concreto en constante evolución. Arraigada en la historia, la cultura y la tradición, adopta diversas formas y se desarrolla siguiendo los caminos elegidos por diferentes pueblos a partir de su exploración e innovación.

El debate ideológico sobre la democracia en China[5] ha existido en la política china desde el siglo XIX. Académicos, pensadores y legisladores chinos han debatido sobre la democracia, una idea que fue importada inicialmente por las potencias coloniales occidentales, pero que, según algunos, también guarda relación con el pensamiento chino clásico. Desde mediados del siglo XVIII, muchos chinos debatieron sobre cómo abordar la cultura occidental. Aunque los confucianos chinos se opusieron inicialmente a las formas de pensamiento occidentales, se hizo evidente que algunos aspectos de occidente resultaban atractivos.

Otros modelos democráticos no

occidentales

La industrialización proporcionó a occidente una ventaja económica y militar. Las derrotas de la dinastía Qing en las Guerras del Opio obligaron a un sector de los políticos e intelectuales chinos a replantearse su noción de superioridad cultural y política. La democracia se arraigó en la conciencia china porque era la forma de gobierno empleada en occidente, potencialmente responsable de sus avances industriales, económicos y militares. Un sector de académicos y políticos chinos se convenció de que la democratización y la industrialización eran imperativas para una China competitiva. En respuesta, varios académicos se resistieron a la idea, argumentando que la democracia y la occidentalización no tenían cabida en la cultura tradicional china. Este debate se centró en la compatibilidad filosófica de las creencias confucianas tradicionales chinas y las tecnologías occidentales.

La República Popular China no es una liberal ni representativa. El Partido único y el gobierno chino afirman que China es una democracia socialista y una dictadura democrática popular. Bajo la presidencia de Xi Jinping, China también se considera una democracia popular integral. Muchos observadores extranjeros y algunos nacionales clasifican a China como un estado de partido único y algunos afirman que ha virado hacia el neoautoritarismo.

Algunos la caracterizan como una dictadura. Sin lugar a duda que desde la mirada Arendt o Cortina no representan en absoluto los conceptos delineados antes. Pero curiosamente es digno de estudio y exploración el nivel de desarrollo alcanzado por China en estos últimos treinta años es sorprendente, los niveles de pobreza han bajado en forma sorprendente, los niveles de educación la innovación, el desarrollo industrial, el desarrollo de inteligencia Artificial, las autonomías en el desarrollo de Chips, probablemente es un tema para explorar y a estudiar más profundamente .

El modelo democrático se acerca más al modelo occidental en participación a través de modelo republica parlamentaria y federal y elección de presidente con un consejo de ministros liderado por el Primer ministro. Crecimiento y divergencias: Ambos países han experimentado altas tasas de crecimiento del PIB, impulsadas por inversiones en educación y capital humano. China tiene un sector manufacturero más desarrollado y un nivel de pobreza más bajo. India, aunque tiene una economía más pequeña, ha mostrado una aceleración en su productividad y un fuerte sector de servicios. Comercio bilateral: El comercio entre ambos países ha crecido significativamente, alcanzando un récord de más de $136 mil millones en 2024. Inversión mutua: Las empresas indias han aumentado su presencia en China, especialmente en los sectores farmacéutico y manufacturero. Por su parte, más de 100 empresas chinas operan en India, principalmente en infraestructura y electrónica. Diferentes modelos de desarrollo: China se centra en la industrialización centralizada y la exportación, mientras que India ha adoptado un modelo más liberalizado con un enfoque en el sector servicios y la iniciativa «Make in India».

Si comparamos con la India con china [6]

Podríamos concluir que los modelos teóricos de Adela Cortina y Hannah Arendt tienen algunos puntos en común de critica a los modelos actuales vigentes. Siendo la participación limitada por la manipulación de las élites políticas, por esto la democracia no es un sistema de gobierno ni una simple técnica de administración del poder. Esto se hace realidad cuando los ciudadanos se encuentran, dialogan y actúan, donde debaten los asuntos comunes y contribuyen mediante la palabra y la acción, donde los consensos son más lentos, siendo las mayorías más eficientes. Los elementos que obstaculizan y amenazan la democracia, donde la violencia destruye el espacio de la palabra y la comunicación, y la apatía no permite la participación, la corrupción que la compara con la hidramítica, la que muta y se adapta, la cual debe ser combatirla activamente.

Los medios de comunicación, como el periodismo ético no pueden estar faltante en la democracia, también debiese estar presente en los algoritmos de la rede sociales que penetran la opinión pública, por eso es importante la reconstrucción de este espacio público. Por eso la importancia de la educación para formar ciudadanos responsables y críticos, la subordinación a la economía es causales de los males actuales, la pérdida del sentido de comunidad, la fragmentación del discurso público y el exceso de individualismo forman parte del consumismo de la política como espectáculo.

Reflexiones finales

En conclusión, esta reconstrucción global, este mundo multipolar que está naciendo, donde esas ideas florecientes se deben respetar tanto como la diversidad cultural y las civilizaciones existentes. Tiene aplicación estos modelos teóricos de Hanna Arendt y Adela Cortina, probablemente cada cual en sus niveles de aplicación apropiados.

Bibliografía:

[1] Adela Cortina, catedrática emérita de Ética Filosofía Política en la Universidad de Valencia y miembro de la Real Academia de ciencias Morales y Políticas, una de las pensadoras más influyentes de habla hispana. Pionera en la ética aplicada a distintos ámbitos como las empresas, la educación y en la política, ha desarrollado conceptos como la “aporofobia”, el rechazo al pobre y ha defendido la importancia de la democracia radical. [2] Masa un conjunto de individuos anómicos, con pequeñas interacciones entre ellos, un conjunto heterogéneo configurado de tal forma que sus miembros no pueden actuar de forma concertada. Es presa fácil de la propaganda emotivista, no es muy racional desde el punto de vistas de las convicciones. [3] Una persona heterónoma obedece reglas externas (autoridad, costumbre, religión, entre otras) sin cuestionarlas. [4] Hidramítica es un término que se refiere a una hidra mítica, una criatura legendaria de la mitología con múltiples cabezas, similar a un dragón. Estas criaturas se describen a menudo como formidables y amenazantes, emergiendo de aguas oscuras y poseyendo un poder misterioso. [5] https://en.wikipedia.org/wiki/Democracy_in_China [6] https://www.google.com/search? q=el+desarrollo+de+la+india+con+Chine&oq=el+desarrollo+de+la+india +con+Chine&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyB María Bensadon. La Educación un valor democrático fundamental. Abril- Julio 2025. Iberoamericana en Democracia. Cortina, Adela. ¿Para qué sirve realmente la ética?. Editorial Paidós.Barcelona. 2013). Ensayo escrito por María Medina Vicent. Becaria Post Doctoral. González Oquendo, Luis J. y Hernández castro, Ana G. (2016). “La democracia como concepto en l filosofía política de Hanna Arendt” Frónesis, 23 (3), 328-349.

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