Crisis en la Comunicación (Editorial)

“Comunicación”, una palabra utilizada a menudo de comodín y no en su sentido real. Si la tomamos en su acepción más amplia, es tan antigua como el mundo, ya que el ser humano ha intentado comunicar desde el inicio de la humanidad, por medio de gestos, de códigos y de lenguas. En cuanto a la palabra “comunicación”, per se, existe desde el fin del siglo XIII, derivada del latín comunicatio que significa puesta en común y también repartición, el hecho de actuar juntos. Comunicar es simplemente el compartir de una información con un individuo o un grupo de individuos, por medio de un proceso verbal, escrito, gestual, etc.

Pero el uso actual de la palabra tiende a derivar hacia otra dirección. Porque si el ser humano ha, persistentemente, tratado de establecer esa relación con sus semejantes, ésta siempre le ha causado problemas; y si digo que siento un “problema de comunicación” con otra persona, quiero decir que no podemos utilizar los mismos conceptos o las mismas referencias, a pesar de usar el mismo lenguaje. Semejante dificultad puede existir entre padres e hijos adolescentes, entre empleador y empleados, entre dos grupos o individuos de clases sociales, orientaciones políticas o creencias religiosas distintas. Incluso existe entre personas usando palabras muy similares se refieren a conceptos disímiles (parónimos), que hablen el mismo idioma o idiomas distintos. Este último punto explica por qué es casi siempre imposible traducir el humor, por ejemplo, en las comedias de situación (sitcoms), que incluyen muchos juegos de palabras y exigendestrezas asombrosas para resolver problemas específicos al nivel lexical y cultural, cuando no existe la opción de insertar una “Nota del traductor” al pie de página para clarificar las ambigüedades. Una sitcom resulta ser realmente hilarante – su función primordial – solo en su idioma original. 

Todo esto nos confirma que el término “comunicación”, por ser sumamente común y utilizado en una gran variedad de contextos, da origen a muchos malentendidos. En esta perspectiva, nos podemos preguntar ¿por qué, en esta última década, se habla tanto de crisis de la comunicación? Primero, porque hay una crisis en la transmisión y la comprensión de los conceptos, una dificultad para los individuos y los grupos en entender lo que expresan los demás y una dificultad comparable para hacerse entender. Resulta de eso una tensión mayor que puede llevar, o a una relación conflictiva y a un aumento de la violencia latente, o a un encierro y aislamiento mayor – igual que una tortuga retrae su cabeza en su caparazón cuando se siente amenazada – que, obviamente, va a afectar más una comunicación ya deficiente.

Segundo, porque hay una crisis en el lenguaje mismo, el cual se va reduciendo y deteriorando. Escuché a menudo, de fuentes diversas – en cuanto a grupos de edad, antecedentes profesionales y características culturales-, la expresión “se está echando a perder el lenguaje”, refiriéndose o a la reducción del idioma, o a su evolución general como resultado del avance de la digitalización. De hecho, esa evolución se intensifica a medida que vamos perdiendo los soportes fijos (es común ahora hablar de una “información líquida”, que fluye de un aparato a otro) y que la comunicación en las redes sociales se acelera y tiende a perder sus límites. Si el ser humano domina el lenguaje, también está sometido a la rapidez de su evolución.

Pero creo que se añade a esto un problema psicosocial de comprensión entre diferentes sectores humanos que no estaban en contacto unas décadas atrás y se encuentran ahora confrontados. Estoy pensando en particular en los grupos perteneciendo a extremos (políticos o religiosos), o grupos de edad distinta que se niegan a aceptar la realidad del otro, y entonces el rechazo del lenguaje va acompañado de un rechazo de las prioridades y de la apariencia del otro.

¿Significa que no comunicamos “tan bien como antes”, como suelen decir los nostálgicos? Era inimaginable, unas décadas atrás, llevar una reunión por Zoom – u otro soporte similar -con personas ubicadas en distintos países, dar una clase online, firmar un documento de manera digital o simplemente “chatear”.  En cualquier línea del metro de Santiago a las 7:30 de la mañana, la casi totalidad de los pasajeros semi asfixiados por la sobrepoblación, se arreglan para agarrar su teléfono móvil y “chatear”, con amigos o incluso desconocidos virtuales, compensando con ese pequeño escape su falta de espacio y oxígeno. ¿De qué comunicación estamos hablando entonces cuando la definimos como “en crisis”? ¿En qué valores comunes se está todavía apoyando? Debemos tener mucho cuidado con los términos que utilizamos para definir una evolución inevitable, y si bien la comunicación ha cruzado varias crisis desde sus orígenes, se encuentra actualmente en un proceso de transformación quizás más agudo que nunca, o que nos parece más agudo que nunca porque la tecnología nos permite ser más conscientes de él y percibirlo como una amenaza y no un simple desafío. Con esto podremos enfocarnos en los elementos que aseguran un progreso y un crecimiento, en vez de derramar nuestras lágrimas sobre los que ya cumplieron su tiempo de existencia.

Autora Artículo

Sylvie Moulin

Profesora, traductora y escritora. Doctorado en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos y Master en Literatura Comparada, Universidad de Paris IV-Sorbonne. Docente por 12 años en Estados Unidos. Autora de varios libros de crónicas y cuentos.

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