El desafío democrático en el mercado de las ofertas

Rodrigo Pulgar C.

Doctor de Filosofía de la Universidad de Salamanca, España. Académico de la

Universidad de San Sebastián y la Universidad de Concepción.

Somos parte de un proceso caracterizado por cambios en el escenario histórico-cultural. Son cambios que plantean el desafío de generar diferentes modelos políticos según sean las circunstancias ideológicas y, por cierto, vitales, en particular las relacionadas con ideas como libertad, poder, igualdad. Por tal causa es inevitable sostenerse en la hipótesis que los antecedentes son históricos, además de filosóficos por necesidad de explicación y comprensión del sentido o significado de la respuesta política por mayor bienestar. Se trata de propuestas destinadas a coordinar el orden social.

Cierto es que en cualquier propuesta conviven íntimamente dos hechos: a) plano del deseo, es decir que en la propuesta se halle efectivamente la vía metodológica para tener la posibilidad del bien deseado, y b) plano de realidad, es decir que sea en una realidad vivida donde cada persona canalice su intención al bien.Lo dicho explica el interés filosófico destinado a resolver el problema sobre el significado para las personas de los modelos de orden social y, en lo que hoy importa, la defensa de la democracia como el mejor régimen político al tener éste la capacidad de canalizar las diferentes respuestas sobre el bien que, dicho sea de paso nunca es uno, sino varios por la serie de mecanismos de participación que genera y desarrolla, considerando la pluralidad de sentidos a causa del principio de tolerancia que identifica la democracia.

Dejemos de lado esta especie de deontología democrática y pensamos que la preocupación por el orden social tiene correlato en un modelo ideológico, modelo que muchas veces es sólo una visión pragmática del mundo como resultado del hecho de tener que pensar la realidad en base a lo que se entiende por persona y, por tanto, en asociación con la verdad ahí descubierta, una verdad develada en el proceso de habérselas con el significado del hecho público. Siendo así, la forma de proceder filosóficamente consiste en abocarse a la interpretación de los diferentes modelos políticos, viéndolos desde la fecundación, su gestión, su arquitectura y su desarrollo. Y con ello a la mano, observar y leer críticamente – desde una perspectiva hermenéutica- las varias formas arquetípicas y epistémicas que –y de modo procedimental- han no solamente recolectado la materia que compone el acto político, sino que dan origen a postulados en el campo de la ética y la cultura.

Teniendo mediana claridad sobre el significado de la serie de preguntas que de lo anterior se desprende, se puede sostener que todo ocurre en un continente teórico que da por entendido que, en los modelos propuestos en el mercado de las ofertas políticas abundantes en el juego democrático, se encierra una concepción doctrinal de las polis y de la persona.

No niego que toda mirada y juicio sobre cualquier concepción doctrinal es cautivo de los cambios de perspectivas a causa de que se van modificando por razones de realismo los objetivos humanos, simplemente a propósito de transformaciones en la intencionalidad con las cuales se recoge el material calificable de histórico y político. Pero, además, sumado a las tablas de valores relacionadas con los cambios de perspectivas axiológicas, también –y con mayor fuerza incluso que lo axiológico – a las variaciones de las creencias. En efecto, ya es evidente que no siempre importa lo mismo o lo mismo no siempre importa igual tanto para un sujeto como para el colectivo, puesto que al final las perspectivas no se fijan para siempre, al estar sujetas al tiempo subjetivo y a condiciones también objetivas.

Al final hay que aceptar que nos movemos en no pocas circunstancias interpretativas según el dictamen de los avatares, y estos no en pocas ocasiones son libres de control. Por ello es preferible, entonces, hablar de la contingencia de las formas de la verdad por su estatuto de posibilidad (Simon, J., 1983, p. 258, La verdad como libertad. El desarrollo del problema de la verdad en la filosofía moderna, Salamanca, Sígueme). Más, es precisamente esta situación la que subyace a la permanencia del valor de la filosofía política. Valor que en víspera de elecciones debería sumar, en especial, cuando el escenario de propuestas de modelos se confunde con demagogia y, peor, lejos de comprensión de la mayoría de la población.

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