Entrevista Belén Rodríguez Sánchez

Creaste un curso de formación general en la Universidad Mayor que se llama “Habilidades dialógicas para la ciudadanía” y enseña sobre el valor del diálogo en una sociedad democrática.

Exactamente. Esta asignatura persigue comprender la importancia de la comunicación para la formación de espacios democráticos. Busca enseñar la necesidad del cultivo de virtudes como el reconocimiento del otro, el respeto y la tolerancia para la asertividad y empatía, bases de una armónica convivencia ciudadana. Cada práctica en el ejercicio de la argumentación y el debate –el dominio del nerviosismo, el empleo adecuado del lenguaje corporal, el aumento de vocabulario, la búsqueda de evidencias en fuentes confiables– es un nuevo logro para reforzar la personalidad del estudiante y obtener validación social en la ciudadanía, conformándose como un comunicador asertivo con pensamiento crítico.

Una mujer laica en la sociedad actual es una mujer que tiene conciencia plena de sus deberes y sus derechos. Es una mujer que aboga por la libre expresión y que, por tanto, invita al diálogo.
 
Belén Rodríguez

¿El diálogo tiene requisitos? Si es así, ¿cuáles son?

Para que se produzca el espacio del diálogo son necesarias ciertas condiciones. La primera de ellas es lo que puede denominarse “el reconocimiento de la propia ignorancia”.  Si alguien anda por el mundo creyendo que ya sabe todo lo necesario, supondrá que no hay nuevos conocimientos que obtener y no buscará el diálogo.  Cruzar ideas, debatir, implica tener asertividad, empatía y tolerancia. La primera para expresar nuestra opinión de manera firme y con seguridad; la segunda para ser capaces de identificarnos con alguien y compartir sus sentimientos; y la tercera para respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias de las propias.

El diálogo implica también un continuo preguntar.  Porque, como decía Einstein, si quieres alcanzar el saber, valen más las preguntas que las respuestas. Otro requisito es el deseo de aprender relacionado al saber escuchar, lo que en comunicación se denomina “proceso de escucha activa”. Este último término demanda escuchar con atención e interés el mensaje del emisor, generando confianza y una mejor interacción entre los comunicadores.

¿Cuál es el valor del diálogo en una sociedad democrática?

Para Amartya Sen, economista indio distinguido con el Premio Nobel de Ciencias Económicas en 1998, una democracia genuina es aquella en que se cultiva una atmósfera de encuentro dialógico libre y abierto de todas las posiciones sobre los asuntos políticos que atañen a la ciudadanía. Los derechos civiles, especialmente los referidos a la garantía de un debate público amplio en que no se tema a la crítica y al disentimiento, deben ser centrales en los procesos conducentes a elecciones libres, informadas y conscientes.  La posibilidad de votar debe combinarse, entonces, con la oportunidad de hablar y escuchar sin miedo a dogmas, prejuicios, censuras ni represiones.

En toda sociedad resulta necesario defender e impulsar el espacio de la comunicación cívica y la discusión ciudadana.  Porque en los temas que son relevantes para una sana y madura convivencia social ninguna voz puede ser despreciada o ignorada. Y porque cuando se habla de “discusión pública”, de “debate ciudadano” de estos temas relevantes, lo que debe entenderse es el intercambio de ideas entre todos los sectores de la población para enriquecer con múltiples miradas la búsqueda de soluciones o los proyectos e iniciativas planteados. En la disposición al debate, al entrecruzamiento de argumentos basados en la razón, se ponen en juego importantes virtudes éticas para el mejoramiento de la convivencia humana.

¿Por qué el debate ciudadano es tan valioso para referirse a temas conflictivos?

La práctica del debate es la culminación del proceso de adquisición de habilidades dialógicas.  En efecto, el debate es una poderosa herramienta intelectual en que se conjugan de manera efectiva los principios del ejercicio de entrecruzamiento de ideas conocido como “diálogo”.

En primer lugar, el trabajar con una proposición de debate desarrolla las habilidades de un individuo para conducir investigaciones, motiva fuertemente la búsqueda de información a través de diferentes fuentes.

Mejora, en segundo lugar, la habilidad de pensar.  Enfrentarse a un tópico de debate conduce a un análisis profundo de la proposición y del problema. La persona utiliza apropiadamente las reglas del discurso lógico y aprende a reconocer las falacias en el modo de pensar de su oponente.

Fomenta, en tercer lugar, la destreza de reflexionar críticamente.  Incita a la persona a cuestionar y abandonar soluciones y técnicas ya aceptadas y familiares y potencia su disposición a abrir su mente a puntos de vista novedosos y alternativos.

En cuarto lugar, practicar el debate ayuda a fomentar la tolerancia. El debatiente aprende y respeta que exista más de un punto de vista sobre el tema en cuestión, argumentos quizás menos válidos que el propio, pero dignos también de ser considerados

En quinto valor, a favor del debate es que este enseña el control emocional. La razón y no las pasiones deben guiar el cruce de argumentos.  Enfadarse con su oponente –por más desagradable que sea – entorpece el pensamiento del debatiente y lo coloca en una posición de desventaja.

En sexto lugar, la actividad del debate es valiosa porque prepara a los ciudadanos para convivir en una sociedad democrática. El debate es el bastión de la libertad de expresión, garantía fundamental de los seres humanos en un régimen democrático. 

En séptimo lugar, practicar el debate ayuda a mejorar la autoestima.  El debatiente se ve obligado a superar no solo al rival, sino a sí mismo. 

Ciudadanos adiestrados en técnicas y prácticas de debate conformarán una sociedad que no tema a las polémicas ni al tratamiento público de asuntos controversiales y, por tanto, será una sociedad madura que resolverá sus conflictos en un ambiente de sana discrepancia y no de antagonismos agresivos.

¿Crees que es posible tener una educación no sexista que no reproduzca estereotipos de género y que promueva el respeto, en una sociedad tan machista como la nuestra?

El filósofo chileno Gastón Gómez Lasa, especialista en pensamiento antiguo, señala en uno de sus libros – La Institución del Diálogo Filosófico (1980) – que “el diálogo es una búsqueda enderezada hacia ciertos objetivos sobre los que no hay todavía una visión compartida”.  Sobre un tema cualquiera pueden existir opiniones diversas y hasta contrapuestas.  Juntarse a dialogar implica, al menos, la voluntad de las personas de tratar de entenderse.  El diálogo es lo opuesto al dogmatismo, a las convicciones férreas que no admiten crítica ni contradicción. Al contrario, en el diálogo se entretejen argumentos que exigen y demandan la reflexión, el análisis, el libre examen y la posible refutación.

Como marcha hacia el conocimiento compartido – enseña Gómez Lasa – el diálogo avanza por grados.  Hay una progresión en esta experiencia que acerca a los participantes a modos aproximados de conocimiento. En el juego discursivo del cruce de razones, lo importante es ir estableciendo consensos mínimos para poder seguir avanzando en la búsqueda compartida. De otro modo, se está en la aporía, en el callejón sin salida, en la no-solución.

Por lo tanto, creo que la respuesta es: sí, se puede. Si insertamos en educación cursos de debate, fomento de habilidades dialógicas en la ciudadanía, comunicación eficaz, comunicación interpersonal, entre otros, ni siquiera la pregunta formulada se referiría a “en una sociedad tan machista como la nuestra”. Porque estaríamos cayendo en ser dogmáticos y despreciativos con el sexo opuesto, justamente lo que no queremos que hagan con nosotras.

¿Qué nuevos desafíos consideras que debe enfrentar la mujer actual para proyectar el florecimiento de sus capacidades en el contexto mundial, marcado por los drásticos cambios políticos y el advenimiento de la innovación tecnológica?

Los nuevos desafíos que debe enfrentar la mujer actual para proyectar el florecimiento de sus capacidades en el contexto mundial, siempre van a tener la misma respuesta: LA UNIÓN. Y quisiera hacer un llamado severo al respecto. Cuando desarrollo el curso de habilidades dialógicas en la ciudadanía para carreras universitarias, o cuando me desempeño como coach comunicacional, una de mis metas más concretas es que las personas se sepan comprender, más allá de que la postura del interlocutor pueda no ser la suya. No se trata aquí de intentar convencer porfiadamente al otro de la certeza de un punto de vista. Por cierto, cada dialogante aspira a que sus razones tengan algún valor para los otros participantes del proceso, pero para que la experiencia dialógica pueda tener éxito no puede aferrarse dogmáticamente a ellas como si constituyesen la verdad absoluta.

La lucha de las mujeres contra un país patriarcal ya es suficientemente agotadora, para que, además, añadamos otros conflictos entre nuestro sexo. Yo no comprendo, si es que hay mujeres tan poderosas políticamente hablando, que no puedan consolidar relaciones sólidas que las unan en una misma causa porque son sus partidos los que las definen y separan. Dentro del mismo feminismo se etiquetan y se crean subgrupos, lo que dificulta aún más la unión. Entonces, ¿vamos a permitir boicotearnos a nosotras mismas y señalarnos con el dedo sobre nuestros errores? ¿En vez de crear una comunidad donde podamos dialogar abiertamente? Es necesario unificarnos como chilenas y formar grupos de apoyo porque hay mucha ignorancia al respecto de temas como la sororidad.

Un conocido comediante una vez expresó que las mujeres tendían a ser más inteligentes que los hombres y que, posiblemente, este mundo está hecho para ser liderado por ellas. El problema es que se destruyen unas a otras. En cambio, los hombres, considerados “más tontos” por el propio comediante, no se enfadaban entre ellos y tenían más sentido de grupo. Esta anécdota, a mí en lo personal, me hizo mucho sentido. Por lo tanto, hago una invitación a reflexionar a cada mujer que lea este artículo y se pregunte cómo es su relación cuando ve a otra mujer en la calle o cuando existe un cruce de ideas con personas de su mismo género. Siempre es necesario una visión introspectiva de nosotras mismas para alcanzar mayor sabiduría en nuestras acciones.  

¿Crees que un estado laico es necesario para proteger los derechos de la mujer? ¿Cuáles son sus límites?

En los estados confesionales o teocráticos, donde las autoridades políticas son sacerdotes –como en los países islámicos – las mujeres no tienen ningún derecho. Ciertamente el laicismo, que hemos heredado de la Ilustración, es la base para el desarrollo de un humanismo que ha significado progreso moral enmarcado en, o fundamentado por la defensa de los derechos humanos. Y esto incluye los derechos de las mujeres. 

Pero se debe entender un Estado laico no solo como aquel separado de la Iglesia, promotor y garante de la libertad de culto, sino como impulsor de una educación que forme verdaderos ciudadanos.  Ya nos hemos referido a esto en respuestas anteriores:  un Estado laico fomenta la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento y la libertad de expresión. En un Estado laico todas las voces deben ser escuchadas, por lo que se debe otorgar espacio al diálogo y al debate sin censura en la esfera pública, fomentar la tolerancia antes que la violencia fanática y motivar la reflexión razonada contra las supersticiones, los prejuicios y los dogmas.  En el ambiente educativo establecido por un Estado laico las religiones, las ideologías, las teorías científicas y los planteamientos políticos deben ser ampliamente examinados y debatidos. En un Estado de esta naturaleza, nítidamente las mujeres ganaríamos en justicia, equidad y representatividad política.

¿Los límites? Que nuestros deseos de libertad y expresión ciudadana no pasen a llevar la libertad y la expresividad de los demás.

¿Cómo ve el rol de la inteligencia artificial en el mundo de la educación actual, especialmente desde su trabajo con técnicas de comunicación oral?

En mi opinión, la pregunta es bastante amplia y da bastante para discutir. Por lo que trataré de ser lo más específica y comprensible posible. La IA puede ser una herramienta comunicativa positiva o negativa dependiendo de que su uso sea equilibrado, pues de no ser así, en ese caso, sería un instrumento negativo. Comprendemos que estamos en un mundo globalizado y que las exigencias son cada vez más altas. De cierta manera, la inteligencia artificial resulta una herramienta útil para reproducir una tarea más eficientemente y nos ahorra bastante tiempo para asumir más labores y que sean solucionadas rápidamente (en áreas como la informática, la ciencia, educación, entre otros ámbitos). Sin embargo, la comunicación interpersonal, sobre todo de manera presencial, siempre va a necesitar de habilidades ligadas a la comunicación verbal y no verbal. Sobre todo, en esta última, en donde nuestro cuerpo y nuestra voz son las herramientas. Pues es el encuentro con el otro lo que conforma la situación comunicativa: emisor y receptor, sin mediación tecnológica (en su más pura esencia).

Pienso que, si buscamos convertirnos en ciudadanos que generen mensajes efectivos para una buena convivencia social, se deben desarrollar requisitos del diálogo como asertividad, empatía, tolerancia, escucha activa y deseo de aprender. Y la IA no estará presente en aquellas interacciones personales que vivimos día a día: las conversaciones entre compañeros, relaciones familiares, diálogo con el médico de consulta, por ejemplo. Por lo tanto, la resolución de conflictos en la comunicación interpersonal merece que un comunicador o comunicadora sea flexible y se adapte fácilmente a lo que está sucediendo. Para eso, es necesario comprender nuestros propios valores lo que posibilita crear nuestra identidad.

Pero, en un mundo absolutamente tecnológico (pensando en Occidente), ¿no es posible desequilibrarnos y dejar de desarrollar pensamientos propios o utilizar nuestra propia voz para reemplazarlo con un programa que hable y redacte por nosotros? Pues bien, allí es donde la ética de cada persona entra en juego. ¿Será necesario educar a esta nueva generación para que utilicen las herramientas de una forma positiva? Por supuesto que sí. Al ser algo nuevo frente a una persona ignorante, por supuesto que es una amenaza. ¿Provoca miedo para nuestras generaciones mayores? Nuevamente, la respuesta es sí. En su momento, ocurrió con la radio, posteriormente con la televisión, con internet y ahora tenemos esta supercomputadora llamada “celular” que portamos en nuestros bolsillos donde tenemos acceso a todo e, incluso, por redes sociales, a la vida de la mayoría de las personas que viven conectados la mayoría del tiempo mostrando los momentos más felices de su vida.

Hay que saber aprender a usar sabiamente las herramientas y ser conscientes de que son aparatos a nuestra disposición, que no están insertados como un chip en nosotros porque no son parte de la vida cotidiana y, por ello, hay que saber equilibrar la balanza. Por lo que, en síntesis, si en una universidad se está requiriendo de un sujeto autenticidad, originalidad y desarrollo de tareas innovadoras, en la que su crecimiento profesional se ve influido por ser un reflejo de su propio estudio en una materia específica, pienso que sería mejor que no se utilizara IA. Siempre el proceso creativo, de autoría del ser humano, debe ser el centro y el móvil de las herramientas tecnológicas. Pues, si pasan de no ser un apoyo, sino un sostén, aquella persona está perdiendo su identidad y cada vez quedando reducidas sus habilidades dialógicas en la comunicación interpersonal que desarrolla diariamente, volviéndolo un ser apático sin saber cómo insertarse en el mundo real, sino que viviendo aislado en un mundo virtual, en donde las pantallas y las computadoras lo mantendrán conectado, pero en una existencia digital que, a mi parecer, dista mucho de ser la vida misma.  

En conclusión, ¿Qué significa una mujer laica en la sociedad actual?

Una mujer laica en la sociedad actual es una mujer que tiene conciencia plena de sus deberes y sus derechos. Es una mujer que aboga por la libre expresión y que, por tanto, invita al diálogo, sabiendo que no es una experiencia intelectual que garantice de antemano alcanzar el conocimiento o la verdad. No obstante, todo diálogo – como ya se señaló – es una invitación a pensar y eso ya es fundamental.  Si tenemos en cuenta los requisitos del diálogo –el reconocimiento de la ignorancia, la apertura continua al aprendizaje y en un plano de igualdad con los demás, el respeto y la tolerancia hacia el otro – se puede reconocer que este proceso dialéctico es un ejercicio ético. El diálogo, entonces, resulta ser una práctica imprescindible en la comunicación ciudadana. La adquisición de habilidades dialógicas dentro de un Estado laico y democrático es un valioso requisito de la formación de toda persona.

Belén Rodríguez Sánchez es Licenciada en Artes con mención en Actuación Teatral, título de Actriz y Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile. Diplomada en Producción de Proyectos Escénicos de la Universidad Finis Terrae. Actualmente docente en la Universidad Mayor impartiendo las asignaturas de “Comunicación Eficaz” desde 2019 y “Habilidades dialógicas en la ciudadanía” desde 2024. También se desempeñó como profesora guía en la carrera de Educación Parvularia de la Universidad Los Leones, y asistente académica en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Instituto Santo Tomás y la Universidad de Chile.

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