LA UNIVERSIDAD ES UN NEGOCIO RENTABLE

Todo se vende este día,
todo el dinero lo iguala;
la corte vende su gala,
la guerra su valentía;
hasta la sabiduría
vende la Universidad,
¡Verdad!
Luis de Góngora (1561-1627)

Por André Grimblatt Hinzpeter

Desde los primeros pasos, en la organización de las sociedades humanas, un aspecto relevante fue la transmisión de los conocimientos de una generación a la siguiente. En efecto, desde los primeros humanoides, se hizo relevante transmitir los conocimientos adquiridos desde una generación a la futura generación. Así nace el concepto de la educación, ya sea de los conocimientos generales de la civilización como de las prácticas profesionales propias de cada corporación. Nacen así las primeras escuelas para niños y jóvenes, junto a centros de formación profesional de las corporaciones y, finalmente, las universidades. Estas últimas, hasta hace poco tiempo, en manos de las jerarquías religiosas de cada país y de cada civilización.

La creación de las primeras “universidades” remonta aparentemente al siglo V a.d.C., en Atenas, aunque haya sido instituciones de muy pequeña envergadura, hasta que en 859 d.d.C. se creen en Fez, Marruecos, la Universidad de Al-Karaouine y la Universidad de Bologna en 1088. La idea de que estas casas de estudios, hoy presentes en todos los países del mundo, sean los templos del saber y de la investigación científica, tecnológica y humanista, se mantiene. Pero, nada es menos cierto.

Tras las universidades pioneras, desde el siglo XV, comenzaron a surgir en Europa diferentes casas de estudios superiores; todas bajo el alero de las jerarquías religiosas imperantes en cada uno de los países.

Tras la Revolución Francesa, muchas de esas universidades, en general católicas; fueron pasadas, en gran parte, a manos del Estado, bajo el sistema de universidades públicas, aunque permanecieron importantes universidades en manos de iglesias, fundamentalmente la iglesia católica.

Sin duda es en el Reino Unido y, luego en los Estados Unidos de América, donde surgen las primeras universidades privadas, ya sea en manos de grupos religiosos no católicos o de corporaciones profesionales como la Universidad de Purdue en Indiana, USA; fundada por productores agrícolas para formar a los ingenieros y técnicos necesarios al desarrollo de los campos.

En el caso de Chile, la instauración de universidades privadas es tardío, principalmente por la ley que no las autorizaba desde tiempos del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, que instauró la educación pública y obligatoria en el país. Sólo se autorizó la existencia de universidades confesionales, como es el caso de las universidades católicas que fueron creadas y de universidades creadas por alguna fundación como fue el caso de la Universidad Técnica Federico Santa María. En el caso de la Universidad Adolfo Ibáñez, la única universidad privada, creada en Chile con anterioridad a la ley que las autorizó bajo la dictadura civil y militar, sus títulos no eran reconocidos legalmente, salvo por algunas grandes empresas que buscaban egresados de dicha casa de estudio.

Actualmente han crecido exponencialmente en el mundo las universidades privadas. Es el caso, por ejemplo, de Chile que, tras la autorización de instalar universidades privadas, aunque “sin fines de lucro”, han visto su número crecer de tal manera que en la actualidad acogen más alumnos y otorgan mayor cantidad de títulos y grados que las universidades públicas. En el caso de Europa el fenómeno es más tardío y se asiste en la actualidad al acelerado acrecentamiento de universidades privadas, fundamentalmente en lo que se refiere a títulos de postgrado.

La investigación científica y tecnológica, como a su vez de Ciencias Humanas, no ha sido, globalmente, producto esencialmente del quehacer universitario. En efecto, a pesar de algunas excepciones como el descubrimiento de los microrganismos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Montpellier en Francia, a comienzos del siglo XVI, por dar un ejemplo.

La gran mayoría de las investigaciones realizadas han surgido de corporaciones laborales, de fundaciones o de instituciones privadas o semiprivadas, que rescataron académicos sobresalientes del mundo académico universitario, para establecer sus propios centros privados o semiprivados de investigación.

En la actualidad, para dar un par de ejemplos, la investigación farmacológica o la investigación tecnológica se encuentran fundamentalmente en manos de empresas privadas que luego diseñan, fabrican y venden los productos que surgen de esas investigaciones.

El rol actual de las universidades es formar profesionales, tanto en las áreas técnicas, como en las áreas científicas y en las áreas humanistas. Dichas formaciones son financiadas ya sea por el profesional mismo junto a su familia o por el Estado, que necesita de la capacitación de dichos profesionales. La universidad entrega las formaciones que ofrece contra el pago de una matrícula y de un arancel; en el caso de las universidades públicas, dichos pagos los realiza el Estado, atribuyéndole a las universidades el rol de instituciones autónomas que determinan sus propios programas y sus políticas de selección para la obtención del título profesional.

Se trata de un negocio rentable, en la medida en que el cobro por el servicio prestado y el costo de éste produce un margen o plusvalía que puede ser, según los casos reinvertido o repartido, de alguna manera, entre los dueños, según lo indique la legislación de cada país.

Por consiguiente, las universidades han dejado de ser, si alguna vez lo fueron, la cuna de investigaciones y descubrimientos para ser proveedores de conocimientos y títulos profesionales que permiten a un individuo el ejercicio de una profesión u oficio que le permitirá ganar su vida en la edad adulta.

Los grandes descubrimientos, teorías, avances tecnológicos, filosóficos o científicos no provienen, salvo pequeñas excepciones del contexto universitario; los títulos profesionales sí. Hoy, la universidad es un negocio rentable, necesario para los países. Que sea estatal o privada, el criterio imperante es la rentabilidad y, salvo en caso de que si existen son muy minoritarios, el objetivo de las casas universitarias es la forja de profesionales y no el avance o la transmisión del conocimiento humano.

Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Paris-Sorbonne. Analista internacional y consultor senior en temas de estrategia y de comunicación corporativa. Participa en el programa informativo Cable y Tierra de Radio Valparaíso. Rector del Centro Internacional de Altos Estudios (CINAE).

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